Como Judas Iscariote el presidente de Hueyotlipan se lava las manos de h0m1sidios
El actual alcalde de #Hueyotlipan se quiere lavar las manos de los 2 as3s1n@tos en Hueyotlipan, pretende hacerse de la vista gorda en un evento que autorizo su gobierno, sin medidas de seguridad y sin ningún protocolo para este tipo de eventos.
El Ayuntamiento de San Felipe Hueyotlipan no puede ni debe deslindarse de los hechos violentos ocurridos esta tarde, donde dos personas perdieron la vida durante una carrera de caballos clandestina. Pretender cerrar el capítulo con un comunicado es, además de insuficiente, una falta de responsabilidad pública.
Los hechos no surgieron de la nada. Desde días antes se preparaban los carriles, se difundía el evento y todo el pueblo sabía que habría carreras y apuestas. No fue una reunión espontánea. Fue un acto previsible y, por tanto, prevenible. Si la autoridad hubiera actuado antes —como lo ordena el Bando de Policía y Buen Gobierno—, hoy no estaríamos contando muertos.
La pregunta incómoda, pero necesaria, es clara: ¿dónde estaba la autoridad municipal?
¿Dónde Protección Civil Municipal para clausurar un evento de alto riesgo sin permisos ni medidas de seguridad?
¿Dónde el titular de gobernación local para inhibir una concentración con apuestas, alcohol y armas potenciales?
¿Dónde el presidente municipal, ocupado —según versiones— en festejos y convivios, mientras se montaba un evento ilegal a plena vista?
El argumento del “no fue organizado por el Ayuntamiento” no exime. La ley no castiga solo la acción; también sanciona la omisión. Cuando una autoridad sabe, tolera o voltea a otro lado, incurre en responsabilidad administrativa y, eventualmente, legal. El deber del gobierno local es prevenir, supervisar y actuar, no reaccionar después de la tragedia.
Decir que “nadie avisó” no se sostiene cuando los carriles estaban ahí, cuando la convocatoria era pública y cuando la historia reciente de eventos similares ya advertía el riesgo. La seguridad no es un acto de buena fe; es una obligación.
Nada de esto habría pasado si la autoridad hubiera hecho su trabajo: inspeccionar, suspender, decomisar, sancionar. La inacción tuvo consecuencias. Y cuando la inacción termina en muerte, no basta un deslinde.
Hueyotlipan no necesita comunicados que laven culpas; necesita autoridades que cumplan la ley antes de que la violencia vuelva a escribir el final. Porque cuando el Estado municipal falla, la pólvora ocupa su lugar.
